Movimiento de Acción Nacional-Socialista CHILE

¿Qué es realmente el Nacional-Socialismo?

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El Nacional-Socialismo es un movimiento político y social, que tiende a organizar y a unir bajo un sólo ideal a todos los chilenos, para constituir con ellos una fuerza nacional de voluntad, unida, coordinada y solidaria que este en condiciones de encauzar y dirigir, por medio de sus individuos de selección, los nuevos destinos políticos, sociales y económicos de la Nación.

El Nacional-Socialismo no es un movimiento al estilo de los partidos actuales. Su finalidad no consiste en pretender realizar un programa rígido y dogmático, como tampoco preocuparse únicamente que las masas entreguen su voto. Nos proponemos crear una nueva Comunidad del Pueblo, pletórica de vida, en la cual cada compatriota será un ejemplo de virtud, de moralidad y de altruismo. Donde el odio, el pesimismo y la lucha de clases serán reemplazados por un nuevo espíritu nacional, en donde la camaradería, el afecto, la coordinación y la colaboración social serán los cimientos de esta nueva Comunidad del Pueblo. Esta comunidad no verá más al Estado como un fin en si mismo, para nosotros el estado, no es más que un instrumento y un medio para la defensa y la conservación de la Comunidad Nacional. Esta comunidad que nos proponemos crear, late y existe en lo más profundo del alma nacional. Es lo que cada compatriota siempre ha anhelado desde lo más profundo de su corazón. Solo los nacional-socialistas tenemos la voluntad, el deseo y la libertad de llevar este proyecto a cabo, ya que no recibimos ordenes de los amos de este corrupto sistema. Los corruptos políticos y sus partidos no quieren que se logre la unidad nacional, ya que a ellos sólo les interesa que exista más división, más pobreza, más delincuencia y más degradación para justificar su parasitaria existencia y para cumplir los dictados del amo internacional que sólo pretende dividir para reinar sobre todas las naciones.

El Nacional-Socialismo es un movimiento popular. Sí, en él pueden tomar parte todos aquellos chilenos que sientan el deseo vehemente de encauzar por nuevas vías los destinos nacionales, todos aquellos en cuyo corazón arde el anhelo de levantar a la Patria de la postración, la miseria y la decadencia a la cual ha sido sometida. El pueblo de Chile, esa masa inmensa que sólo desea paz, orden, trabajo, justicia y bienestar, constituye la base de nuestra organización y el fundamento de nuestra existencia.

Todas las fuerzas creadoras de la nación, el obrero, el soldado, el empleado, el estudiante, el escolar, el empresario y el profesional, tienen su lugar en nuestras filas para trabajar unidos en la reconstrucción de la nación y en la formación de una nueva Comunidad Nacional. En nuestra marcha impetuosa por la conquista del porvenir, irán estrechamente unidos los trabajadores manuales e intelectuales, el hombre de dinero y el trabajador, los cuales deben comprender que no son enemigos, sino camaradas en el camino de la construcción de la grandeza de la patria.

El Nacional-Socialismo es una fuerza moral. Los valores espirituales de nuestro pueblo, la hombría, la rectitud de intención, la fe inquebrantable en los destinos de la Patria, en una palabra, todos esos dones morales con que la Providencia colmó a nuestra nacionalidad y que hoy parecen adormecidos, serán rehabilitados por nosotros y concentrados en un impulso potente, que restablecerá el prestigio nacional, traerá paz y tranquilidad a las conciencias y hará vibrar hasta las últimas fibras de la nación en un grandioso ritmo de trabajo, de orden, de disciplina y de justicia social. Restablecer en Chile el orgullo de nacional, he ahí nuestra misión fundamental.

El Nacional-Socialismo es un movimiento nacionalista. Sí, ya que anteponemos sobre nuestros intereses individuales los intereses de la Comunidad, es decir, de la nación. Consideramos que el mantenimiento de un fuerte y sano nacionalismo es fundamental para salvaguardar a nuestra comunidad de los intentos del internacionalismo que busca destruir nuestras tradiciones, nuestros símbolos patrios, nuestra juventud, nuestras Fuerzas Armadas, nuestra memoria histórica y nuestro orgullo nacional. Todo ello para transformarnos en meros “ciudadanos del mundo” y objetos de explotación por parte del capital internacional y  las transnacionales.

El Nacional-Socialismo es un movimiento socialista. Sí, pero nuestro socialismo no tiene punto alguno de contacto con el socialismo marxista internacional, ni con ninguna de esas doctrinas utópicas, que hacen girar la grandeza y felicidad de los pueblos en torno exclusivamente al materialismo económico.

El socialismo nacional-socialista no está fundado en la lucha de clases, sino que en la cooperación de todos los grupos sociales; no está fundado en la contraposición innoble y hostil de aquellos que codician las riquezas y aquellos que las poseen, sino que en una íntima colaboración de todas las fuerzas creadoras de la nación, para obtener de ellas el máximo de rendimiento y coordinación en beneficio de la comunidad; no está fundado en el predominio de una clase, sino que en la elevación material y moral de toda una nación.

Somos socialistas en el sentido de que en todas las actividades nacionales deseamos que el concepto de lucro y de interés individual sea reemplazado por el de función social. El individuo, dejará de pensar exclusivamente en su interés personal. Junto con laborar para sí, debe laborar y pensar también en el bien de su Comunidad del Pueblo. En consecuencia los fundamentos del derecho serán modificados con miras a establecer la supremacía de la comunidad por sobre el individuo. No pretendemos la nivelación sistemática de los individuos, pues ello, además de no ser posible dentro de las condiciones de la naturaleza humana, sería en extremo injusto y perjudicial para el desarrollo y progreso de la comunidad. Por el contrario, sólo la capacidad personal y los dotes naturales de los individuos serán determinantes para escalar posiciones en la vida.

El más capaz tiene derecho a surgir y a triunfar en la vida, y no sólo tiene el derecho a ello, sino que el deber de hacerlo. Cada individuo está en la obligación de poner al servicio de la comunidad sus fuerzas físicas e intelectuales, de desarrollarlas al máximo y transformarlas en una herramienta del progreso general. El hombre de Estado, el obrero, el industrial y el comerciante desempeñan cada uno en su respectiva actividad, una función social. Cada uno de ellos debe, por lo tanto, sentir y comprender el profundo y necesario alcance de su misión, y no considerarse deprimido o agobiado por ella. No es el puesto el que debe prestigiar al individuo, sino que es el individuo quien debe prestigiar el puesto. Lo esencial no es ser obrero, ser abogado o ser político, sino que saber ser obrero, saber ser abogado, saber ser político. Saber serlo y tener el orgullo de serlo.

La concepción nacional-socialista del Estado otorga a éste simplemente la categoría de instrumento y medio para garantizar la libertad y el desarrollo de la comunidad nacional. Pero el Estado como instrumento de la comunidad en las manos del conductor o guía de la nación, debe controlar y encauzar la iniciativa particular, con el objeto de hacerla rendir al máximo de eficiencia en beneficio del interés general; será este nuevo Estado quien suprimirá las degeneraciones y vilezas del capitalismo parasitario y reducirá el dinero a su sana función de instrumento de producción, intercambio y de progreso. Es el Estado quien debe protección al que trabaja y asistencia al desvalido. El Estado, tal como nosotros lo concebimos, es el protector de la vida nacional en sus múltiples manifestaciones, ya sean éstas administrativas o económicas, intelectuales o afectivas.

El socialismo nacional-socialista se traduce, por lo tanto, en la concepción del Estado como un servidor e instrumento para la conservación de la comunidad. Es por ello que el corolario obligado de nuestra ética política es la disciplina. Siendo para nosotros socialismo sinónimo de orden, selección y renunciación del individuo en beneficio de la comunidad, no es posible concebir su realización sin una sólida disciplina. Disciplina espiritual más que física, disciplina de convicción y no de imposición. Disciplina que permita colocar a cada cual en el puesto que por su capacidad le corresponda, que permita impulsar al adinerado a desprenderse de parte de su haber en beneficio del compatriota menos afortunado, que permita coordinar todas las energías individuales de la nación, para hacerlas converger en un sólo impulso de prosperidad, de grandeza y de unión.

El Nacional-Socialismo, por último, antes que los programas, considera a las personas. Es necio pretender modificar las condiciones de existencia de un pueblo con la simple elaboración de programas doctrinarios. Esos programas, por más generosos y avanzados que sean, no lograrán salir del papel en que están escritos, si para cumplirlos no se cuenta con los elementos humanos necesarios. Tenemos, por cierto, un magnifico programa de concepciones políticas, sociales y económicas claras y definidas; pero no nos forjamos ilusiones acerca de la posibilidad de cumplir ese programa, si previamente no contamos con valientes compatriotas capaces de unirse a nuestras filas y que nos ayuden a llevarlo a la realidad. De aquí que junto con organizar en torno a nuestra ideología las fuerzas activas de la nación, nos dediquemos, también, desde un principio, a la tarea de seleccionar a los elementos humanos que, en la hora oportuna, habrán de hacer una realidad nuestras aspiraciones.

Chile, en los actuales momentos, más que programas, requiere de Hombres y Mujeres valientes. Requiere personalidades vigorosas y resueltas, aptas para la acción y con un claro y alto concepto de sus deberes para con la comunidad.

Esas personalidades existen en Chile, como existen en toda nación joven y fundamentalmente sana; por eso, sólo hay que destacarlas, despejando el ambiente del vaho de inmoralidad, pesimismo y desconcierto que hoy todo lo invade.

Es tiempo ya de que los hombres y mujeres de esta tierra se decidan a actuar. Es tiempo de que la audacia de los grupos de ineptos e inescrupulosos que hace varias décadas se disputan el gobierno del País no continúen disponiendo a su antojo de los destinos de la Patria; es tiempo de que la añeja politiquería de círculos y partidos, ceda el paso a las nuevas fuerzas espirituales que surgirán incontenibles de norte a sur de la Patria. Sólo la unión disciplinada de esas fuerzas tendrá poder suficiente para poner atajo a la partitocracia que despedaza a la nación; sólo ese haz espiritual – libre de compromisos, oportunismos y de prejuicios de clase- será capaz de detener la ola de anarquía que hoy nos inunda; sólo la unión férrea de los elementos más selectos de la nación, de aquellos que aún sienten bullir en sus venas la sangre heroica de nuestros antepasados, puede darnos la fuerza necesaria para ahogar los postreros estertores de un sistema que esta pronto a sucumbir.

Esa fuerza, ya lo hemos dicho, esta siendo constituida por el Movimiento de Acción Nacional-Socialista de Chile. En torno a nuestros ideales acudirán a agruparse todos los verdaderos chilenos, sin distinción de credos, de tendencias, ni de condición social. Todo el que en el fondo de su alma sienta aún vibrar la fibras del orgullo de la nacional, todo el que aún crea en el glorioso destino de esta tierra, habrá de unirse a nosotros para trabajar bravamente y hombro contra hombro, por la reconstrucción y la liberación de nuestra amada Patria.

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